Mi corazón se aceleró como si hubiera corrido durante 72 horas. Mi piel se puso tensa y me recorrió un latigazo de electricidad por la espalda. Como si estuviera jugando a la ruleta rusa, tomé una gran bocanada de aire. A sabiendas de que mi final había llegado, por haberle dicho lo que le dije, encendí un cigarro, pese a que estaba intentando dejarlos. Miré al piso y le dí una calada. Una vez hube terminado con él, tomé la cajetilla de mi campera y saqué otro.
- ¿Cuánto piensas fumar, Bonito? - me dijo en ese tono de superado. - Es malo para la salud, deberías saberlo. - ¿Qué? ¿De repente le importa si me muero o no? No parecía importarle cuando me gritaba la otra noche. -
- ¡Voy a fumar lo que se me venga en gana, joder! - vociferé ya harto. ¿Quién coño se cree que es para no dejarme hacer lo que se me plazca?
- Está bien Bonito, te lo advertí. - me amenazó. Lentamente se acercó hasta mi y sacó mis cigarrillos del bolsillo de mi abrigo, los tiró al suelo y ¡paf! Los aplastó con su pie! -
- ¿Qué mierda haces, Tom? - le grité desesperado. ¿Es que estaba loco o qué? ¿Qué jodido bicho le picó a este ahora? -
- Te protejo, Bonito mío.
- ¿Por qué lo haces? - pregunté completamente extrañado. Ok, ¿este estaba de coña o se había drogado? -
- Porque si no... ¿a quién me follaré? - Oh, ahora encajaban todas las piezas del puzzle -
- Tom, ¿me haces un favor? - me hizo un gesto de sí con la cabeza - ¡Vete a la mierda! -
No hay comentarios:
Publicar un comentario