En aquel momento no era consciente de donde me estaba metiendo. Daba un paso, y otro, y otro al frente, sin saber hacia donde me dirigía, sin tener una meta fijada en mi mente. Simplemente caminaba hacia delante con la cabeza agachada y los ojos clavados en la acera, incapaz de levantar la mirada. Me pregunté si así caminaría a partir de ahora, si en esto se basaría mi futuro, caminando hacia delante, siempre hacia delante pero sin objetivo en la vida, sin sueños, sin deseos, sin sentimientos. Nada que perseguir. Sumido en una soledad y oscuridad perpetua, sólo con la carga de los recuerdos que no volverían a la vida, que habían quedado atrás, muy atrás.
¿Lo que sentía era un justo castigo enviado del cielo? Vaya una tontería. Era demasiado incrédulo como para creerme que Dios se molestaría en joderme la vida simplemente porque me había enamorado de un monstruo, que para mi desgracia, estaba ligado a mí por lazos de sangre.
¿Lo que sentía era un justo castigo enviado del cielo? Vaya una tontería. Era demasiado incrédulo como para creerme que Dios se molestaría en joderme la vida simplemente porque me había enamorado de un monstruo, que para mi desgracia, estaba ligado a mí por lazos de sangre.
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