- Hola, mi amor, lo siento, nunca quize lastimarte, perdóname.
- Oh, está bien, te perdono - bromeé molestando al pobre hombre que se había confundido de teléfono -
- Oh, tu no eres Sofía.
- No, no lo soy - reí - me gustaría serlo - dije sin pensar las consecuencias -
Entre miles de idas y vueltas, continuamos la charla, y así ocurrió.
- Definitivamente tengo que conocerte - dijo el muchacho riendo -
- Sal conmigo - le propuse -
Y así, es como actualmente estoy teniendo una cita...
No hay comentarios:
Publicar un comentario