- ¡No podés hacer nada bien carajo! -
- ¡No me grites! ¡Estúpido! - rompe en llanto -
- No.. no puedo...si no te grito...te vas, vas a pensar que no me importa tu prensencia -
- ¡Si me gritás me voy, si me consolás me quedo!-
Él, para los amigos, era el que llevaba los pantalones puestos en la relación; sin embargo esa no era la pura realidad, frente al llanto, el mando lo empezaba a llevar ella.
El texto continúa en mi cabeza, no estoy de humor para seguirlo.
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